📰Así empezó todo (o cuando una torre blanca y un viaje bajo la lluvia se convirtieron en Nebula)

📰Así empezó todo (o cuando una torre blanca y un viaje bajo la lluvia se convirtieron en Nebula)

Así empezó todo (o cuando una torre blanca y un viaje bajo la lluvia se convirtieron en Nebula)

Llevaba tiempo pensando cuándo escribir esta edición. Al final pensé: ¿por qué no lanzarla un día tan corriente como el que nació la idea? Porque sí, este proyecto no nació en un evento de Silicon Valley ni en una reunión con inversores. Nació en un coche, lloviendo a cántaros y volviendo de entregar un PC a piezas.

José María y yo ya llevábamos tiempo desarrollando cositas juntos. Experimentábamos con IA, probábamos lenguajes nuevos, frameworks y tecnologías, pero nada terminaba de cuajar del todo. Éramos dos chavales con ganas de hacer cosas, disparando a ciegas.

Hasta que un día, un amigo en común —un saludo si es que llegas a ver esto— nos pidió que le echásemos un ojo a un PC por piezas. Quería algo chulo. Nos pusimos manos a la obra y dejamos montada una torre que, en mi opinión, era preciosa: chasis blanco, detalles en negro y unos toques sutiles de RGB. Un diseño sobrio, pero con esa estética gamer que buscaba para las prestaciones que nos había pedido.

Cuando le llegó el paquete, nos escribió: le faltaba el Windows.

"Sin problema, te lo ponemos nosotros", le dijimos. Además, era la excusa perfecta para ir a verle, ya que llevábamos tiempo sin coincidir. Pasamos una tarde estupendísima charlando.

El problema vino a la vuelta. Tuvimos que coger el coche para volver a nuestro pueblo. Yo iba conduciendo, llovía de esa forma en la que no ves tres en un burro, y con la carretera mojada preferí levantar el pie del acelerador y no correr.

Con tanto trayecto a velocidad de tortuga, nos sobró tiempo para hablar de la vida. En un momento dado, le solté a José María, a modo de broma: —¿Te imaginas abrir una empresa de reparaciones a domicilio?

Y ahí se armó el lío.

La broma empezó a coger trampa y cartón ahí mismo, en el habitáculo del coche. Pasamos de las reparaciones al mantenimiento, del cacharreo al desarrollo de software, cubriendo todo el abanico tecnológico que se nos pasaba por la cabeza. De esos días en los que una estupidez que sueltas al aire deja de sonar como una estupidez y se convierte en un plan.

Al día siguiente ya estábamos manos a la obra. Planificación improvisada, métodos sobre la marcha, redes sociales y documentación exprés. Nos pusimos a desarrollar nuestra propia web y las herramientas personalizadas con las que queríamos salir al mundo.

¿Cómo eran al principio? Con mil fallos, hechas a la carrera por el ansia viva de empezar a funcionar, y pulidas a base de golpes hasta convertirse en lo que son hoy.

No hace tanto de aquello, pero echando la vista atrás y viendo todo lo que ha llovido (literal y figuradamente), parece que ha pasado una eternidad.

El momento de verdad

No hubo una gran revelación divina ni un contrato firmado con sangre. Hubo una torre de ordenador blanca, un amigo , una tarde de charla, lluvia en la carretera y una tontería soltada entre risas que se nos fue de las manos.

A veces los proyectos no nacen de grandes planes estratégicos de negocio. A veces simplemente nacen porque te niegas a volver a casa en silencio.

La moraleja

No esperes a que el plan sea perfecto para empezar, ni a tener la oficina ideal, ni a que el logo esté alineado al milímetro. Las mejores ideas de tu vida probablemente surjan de la forma más tonta posible, un día gris de lluvia, cuando ibas a hacer un favor a un amigo.

Lo difícil no es tener la idea en el coche. Lo difícil es levantarse al día siguiente y empezar a picar código para que deje de ser una broma.

Juan Eladio Pareja Martín
Escrito por

Juan Eladio Pareja Martín

Construyo tecnología porque es el único lugar donde la lógica y la creatividad hablan el mismo idioma.