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📰 Seis de la mañana y una factura

📰 Seis de la mañana y una factura

📰 Seis de la mañana y una factura

Desplegué un servicio que iba a costarnos céntimos al mes. A los tres días me despertó un correo de Google Cloud a las seis de la mañana. Spoiler: no eran céntimos.

Hay que entender primero cómo funciona José María con el mundo del open source. Lo mismo que ve un usuario de Forocoches cuando se abre un hilo de debate sobre si la Tierra es plana. Una espiral sin fondo, con energía infinita, de la que sale con treinta pestañas abiertas y una convicción nueva.

El resultado es que lleva semanas haciendo acopio de herramientas. Y oye, qué quieres que te diga: nos ha facilitado bastante la vida. Friki-punto para mi socio.

Esta historia va de una de esas herramientas. Sin entrar en detalles de cuál es ni para qué sirve, el caso es que decidí desplegarla en Cloud Run. Total, la íbamos a usar solo nosotros dos. Calculé que con la comisión por solicitudes nos saldría a unos céntimos al mes.

Qué iluso era.

La despliego. Creo los usuarios, la organización, bloqueo el registro para que nadie más pueda entrar. Todo bien. Consumos normales. Todo ok.

O eso creía.


El momento de verdad

Pasan dos días. Tres como mucho. Estoy durmiendo plácidamente a las seis de la mañana — y hay que aclarar que ese día el señorito se había dado el lujazo de acostarse pronto, cosa que no suele pasar.

Me despierto como se despierta cualquier persona normal. Ves la hora. Calculas. Piensas: "Oh, vaya, puedo dormir un poco más."

Esa frase nunca llegó a formarse del todo. Había un correo de Google Cloud esperándome. Habíamos superado el presupuesto asignado para el mes. A mitad de mes.

Si tenía sueño, ya te digo que se me quitó.

Me levanté a una velocidad equiparable a la de un BMW que ve que tiene el carril izquierdo de la autovía completamente libre. Y me puse a investigar. Sherlock Holmes se quedaba en chanclillas conmigo esa mañana.

Lo que encontré fue una combinación perfecta de factores, todos con la misma firma: la mía.

El servicio había sufrido un ataque. Las instancias se habían disparado. Tenían bastante potencia asignada — más de la que necesitaban. El límite de instancias estaba altísimo — de hecho, con una nos servía. Y el menda, haciendo pruebas días antes, se había dejado el modo Bot Fight de Cloudflare desactivado.

Cada uno de esos errores por separado: manejable. Todos juntos, a la vez, con un ataque de por medio: la cuenta del mes triplicaba lo habitual.

Nos lo comimos con papas ese mes.

📝 Apunte de Jose Maria
Funcionaba perfectamente en mi servidor. Sin facturas sorpresa, sin correos a las seis de la mañana, sin drama. Pero claro, eso no era suficientemente cloud. Aquí el señorito lo sabe todo.

La moraleja

Lo arreglé todo. Ajusté los límites, activé el Bot Fight, redimensioné las instancias. El servicio volvió a costar lo que tenía que costar.

Pero el dinero de ese mes no volvió.

Hay una lista de cosas que aprendí ese día que ahora forman parte de cómo desplegamos cualquier servicio nuevo: límites de instancias ajustados a lo que realmente necesitas, presupuestos con alertas tempranas, y el Bot Fight de Cloudflare activado antes de que el servicio vea la luz del sol.

Porque si no, el pato lo paga la cuenta del banco. Y ese pato tiene nombre, apellidos y cara de no haber dormido bien desde entonces.

Juan Eladio Pareja Martín
Escrito por

Juan Eladio Pareja Martín

Construyo tecnología porque es el único lugar donde la lógica y la creatividad hablan el mismo idioma.