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📰 El ordenador que había vivido más que el Big Ben

📰 El ordenador que había vivido más que el Big Ben

📰 El ordenador que había vivido más que el Big Ben

Nos trajeron un ordenador para "un formateo simple". Al abrirlo entendí que aquello no era una torre, era un yacimiento arqueológico con ventilador. Lo que iba a ser media hora se convirtió en una guerra de DVDs contra un sistema operativo que se negaba a vivir.

Somos de pueblo. Y en un pueblo, si eres el informático, no hay proyecto de software tan bonito que te libre de que te llamen para "una cosa rápida" con un ordenador. Al principio, cuando todavía no teníamos ni claro cómo cobrábamos por horas, decíamos que sí a todo. Nos gustaba, además — hay algo satisfactorio en resucitar una máquina que ya nadie esperaba salvar.

Nos trajeron uno de esos casos. No vamos a dar nombres ni detalles, pero sí podemos contar cositas: un ordenador que llevaba más años funcionando que el Big Ben. En cuanto lo abrí lo tuve claro. Aquello no era una torre, era un yacimiento arqueológico con ventilador.

"Un formateo simple", pensé. Diagnóstico de dos minutos, reinstalar y para casa.

Fui a cambiar la pila de la placa, que ya venía gastada, y me encontré con que dentro había tanto polvo acumulado que podría haberme tejido una bufanda con él. Ahí debí sospechar que "simple" no iba a ser la palabra del día.


El momento de verdad

El formateo simple se convirtió en una guerra. DVD tras DVD, probando sistemas operativos distintos a ver cuál sobrevivía más de cinco minutos sin petarse. El giga de RAM — uno, en singular — aguantaba la instalación como quien aguanta una maratón sin haber entrenado nunca: con dignidad, pero de milagro.

Cada intento fallido era una hora menos de nuestra tarde y cero euros más en la factura, porque el precio ya lo habíamos cerrado antes de saber en qué nos estábamos metiendo. Al final, tras mucho batallar, dimos con un sistema que se quedaba encendido más de lo que tardaba en arrancar. Lo dejamos funcionando. Cliente contento.

Nosotros, bastante menos.


La moraleja

El ordenador funcionaba. La reparación fue un éxito. Y aun así, hicimos cuentas: horas invertidas contra lo cobrado, y el resultado no daba ni para un café por cabeza.

No todo el trabajo que te sale es rentable, por mucho que te guste hacerlo. Desde entonces, antes de decir que sí a "una cosa rápida", primero miramos qué hay dentro — literal y metafóricamente — y cobramos el diagnóstico aparte de la reparación. Si el ordenador ha vivido más que la empresa, el precio también tiene que reflejarlo.

Seguimos siendo del pueblo. Pero ya no somos gratis.

Juan Eladio Pareja Martín
Escrito por

Juan Eladio Pareja Martín

Construyo tecnología porque es el único lugar donde la lógica y la creatividad hablan el mismo idioma.