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El sábado que Evolution API nos dejó en visto (a nosotros)

Montamos una automatización con Evolution API y n8n para enviar mensajes por WhatsApp. Todo iba bien hasta que un sábado el sistema se salió del guion: 50 mensajes enviados, dos cuentas bloqueadas y una lección clara sobre automatizar con límites antes de necesitarlos.

El sábado que Evolution API nos dejó en visto (a nosotros)
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Llevábamos dos días con el sistema funcionando. Dos días. Y ya nos había bloqueado WhatsApp a los dos.

Para quien no esté metido en esto: Evolution API es una herramienta que conecta un número de WhatsApp normal con tus propios programas, como un enchufe entre WhatsApp y lo que quieras automatizar. Y n8n es la pieza que mueve los hilos: conecta servicios entre sí y dispara acciones solo, sin que nadie tenga que estar ahí apretando botones. Juntos, significan que puedes mandar mensajes de WhatsApp sin tocar el móvil.

Eso es lo que montamos.


Veinticinco mensajes al día era la cifra que teníamos pensada como normal. Pero ese sábado algo no fue normal.

No sé si fue una prueba que se nos quedó corriendo, o el flujo que se enredó solo y empezó a repetir envíos, o las dos cosas a la vez. La verdad es que ni me acuerdo bien de qué pasó exactamente. Lo único claro es que ese día no se quedó en 25. Se fue a 50, el doble, sin que nadie estuviera ahí para frenarlo.

Sábado, además. El día que, dentro de lo malo, es el menos malo: no hay cliente esperando, no hay nadie mirando el móvil cada cinco minutos a ver si llega respuesta. Y tampoco debería haberse enviado ni un solo mensaje automático ese día. Ese era el plan, al menos.


Me enteré de rebote.

Me llegó un mensaje de una chica y le contesté sin problema, todo normal. Después abrí otra conversación cualquiera y, al ver la fecha del último mensaje, me di cuenta de que era de ese mismo sábado — un día en el que no debería haberse enviado nada. Ahí até cabos.

Y entonces vi el cartelito: cuenta bloqueada.

A mi compañero, en ese mismo rato, se le cerró la sesión de WhatsApp. Me preguntó qué había pasado. Le dije que no lo sabía.

Mentira. Lo sabía perfectamente. Pero confesar "oye, que automaticé esto sin contártelo y nos ha bloqueado WhatsApp a los dos" un sábado no me apetecía nada.

📝 Apunte de Juan Eladio
Por lo que sea y porque no era la primera vez que pasaba algo parecido sospeché algo. Como siempre me dije:
Déjale fluir Juane, déjale fluir.

Así que ahí sigue, sin saberlo, hasta que lea este post. Hola, compañero.


El bloqueo duró 24 horas. Suficiente para que un sábado normal se convirtiera en un sábado mirando el reloj, esperando a que WhatsApp decidiera perdonarnos.

No había ningún cliente esperando esos mensajes en ese momento, así que el golpe se quedó donde tenía que quedarse: en nuestro orgullo de "automatizamos todo y no pasa nada". Pasó. A los dos días.

Lo raro es que 25 al día nunca había dado problemas. Pero bastó un fallo puntual, justo en la primera semana, para que WhatsApp dijera basta. Así que bajamos el límite de seguridad: ahora mandamos 15 al día, con margen de sobra incluso si el flujo decide tener vida propia otra vez.


No hay heroicidad en esta historia. No hay una solución ingeniosa ni un hack. Solo la confirmación de algo que ya sabíamos pero que decidimos ignorar: automatizar no significa "sin límites", significa "con los límites bien puestos antes de que te los pongan por ti".

Jose Maria Gomez Lobato
Escrito por

Jose Maria Gomez Lobato

Desarrollador web y cofundador de Nebula Systems. Trabajo creando soluciones donde la inteligencia artificial se convierte en herramientas reales, combinando desarrollo, automatización y curiosidad por entender cómo funciona todo por dentro.