pueblo

📰 Creia que ya lo has visto todo hasta que te piden esto...

📰 Creia que ya lo has visto todo hasta que te piden esto...

Creia que ya lo has visto todo hasta que te piden esto...

Te crees que estás curado de espanto. Que ya lo has visto todo en este mundillo. Y entonces te cruzas con un conocido de tus padres, te pregunta a qué te dedicas, y te pide que le arregles una arañita de las aceitunas. Mi cerebro hizo un Null Pointer Exception en directo.

Cuando empiezas en este mundillo y en tu pueblo se corre la voz, pasan cosas. Como ya hemos contado mil veces, no falta quien te trae un móvil que supuestamente "solo tiene un picotazo" —y el teléfono hace un ángulo de noventa grados— o un ordenador con más carga viral que un paciente de la peste negra en su época dorada.

Llega un momento en el que te curas de espanto. Aprendes truquitos, te vuelves más rápido y entiendes que hay guerras que es mejor no luchar. Te crees invulnerable. Dices: "Buah, ya nada me puede colocar".

Si es que no sé para qué hablo.

Un día de estos en los que estás haciendo lo normal —respirar y existir, lo típico— te cruzas con un conocido de tus padres. Y ya sabes que ahí te juegas una lotería con tres opciones de interacción obligatorias:

  • Opción A: ¿Y ya tienes pareja?
  • Opción B: ¿No te acuerdas de mi? Yo te cambiaba los pañales.
  • Opción C (la que me tocó a mí): Bueno, ¿y tú ahora qué estás haciendo?

La Opción C es la mejor, porque te obliga a venderte como si tuvieses un doctorado en Oxford y aspirases a ser CEO de Google. Cuentas lo tuyo, el otro suelta el clásico "mu' bien, mu' bien, eso e' el futuro" y la cosa suele morir ahí.

Salvo cuando deciden rematar con la pregunta trampa: "Y tú, ¿me puedes arreglar una cosa a mí?"

Por la edad de la persona, yo ya me esperaba un ordenador que manufacturaron mientras Da' Vinci pintaba la Mona Lisa. Así que contesté con la seguridad del que va de sobra: —Sí, claro, cuéntame.

—Una arañita de las aceitunas.


El momento de verdad

Mi cerebro se quedó, literal, en blanco. Null Pointer Exception, buggeado, bricked, muerto, asustado, con mucho miedo y no se podia mover.

No sabía qué contestarle. Es la primera vez en la historia de la humanidad que a un programador de software le piden soporte técnico para maquinaria agrícola tradicional. Le miro fijamente, procesando paquetes que no llegan a ningún puerto, y mi contestación más natural y sincera fue:

—¿Cómo?

—Pues eso, que se le ha roto.

Le comenté, con la poca dignidad que me quedaba, que yo no podía ni sabía arreglar algo así. Que se escapaba por completo de mis competencias técnicas (y de cualquier framework conocido).

Fue comprensivo, se despidió amablemente, y todo quedó en una anécdota más para el catálogo de los desdichados.


La moraleja

Aprendí dos cosas ese día.

La primera: por mucho que domines el código, la nube y los despliegues complejos, para tu pueblo sigues siendo "el de los ordenadores", lo que te convierte automáticamente en un reparador universal de cualquier cosa que lleve tuerca, cable o motor de combustión.

La segunda: nunca digas que ya nada te puede sorprender. El universo siempre tiene preparada una arañita de las aceitunas justito a la vuelta de la esquina para bajarte los humos.

Juan Eladio Pareja Martín
Escrito por

Juan Eladio Pareja Martín

Construyo tecnología porque es el único lugar donde la lógica y la creatividad hablan el mismo idioma.